domingo, 17 de octubre de 2010

Londres, por fin

Qué lugar raro que es Londres. Cada vez que cruzo la calle siento que de algún lado me van a pisar, por más que mire como un paranóico un millón de veces. Sentir que todo va al revés. En los pasillos del metro tenés que ir de la izquierda, pero en la escalera vas parado en la derecha como en el resto del mundo.

Árabes de traje, indúes con pintas indies, músicos del metro cantando canciones que me gustan, el saxofonísta de Piccadilly Circus que logra que la gente se quede parada escuchándolo (pronto habrá alguna foto), gente cruzando la calle por cualquier lado, como en Buenos Aires. Fish and chips, bares llenos, cerveza oscura, mercados que incitan a la compra compulsiva, museos, espectáculos callejeros, gente yendo de acá para allá. Y, sobre todo, muchísima onda.

Ya tendré tiempo de contar el tema “ducha”, que por fin la encontré. O cómo presencié la filmación de una serie de televisión que desconozco completamente; o la foto que me saqué con unos supuestos famosos juveniles que también desconozco, sólo porque todo el mundo se sacaba; o del momento incomprensible de un inglés diciendole a un pakistaní que en Inglaterra no se habla español, y que no hace falta aprender nada.

Esta es la vida de un pibe como cualquier otro que decide mudarse a Londres.


Escuchando: las incesantes campanadas de la iglesia que tengo frente al hostal. 

2 comentarios:

  1. Que buena idea!!!!sera una bitacora de esta nueva vida!Espero le saques provecho a toda esta experiencia. te quiero mucho!!!!

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