jueves, 28 de octubre de 2010

Tiempo

Ante la evidente falta de cosas para contar, voy a dejar de escribir por un tiempo (hasta que consiga trabajo al menos). Los días se suceden sin más: me levanto, salgo a buscar trabajo, doy una vuelta, vuelvo a la Residencia, ceno y poco más. Alguna que otra noche vamos a tomar una pinta con los chicos, pero son las menos.


Lo dicho, cuando tenga algo digno de ser contado volveré a escribir.


Gracias... totales.

jueves, 21 de octubre de 2010

Guti H.

En la Residencia hay un chico español que me desconcierta. Siempre va vestido con ropas de primerísimas marcas, impecable a cualquier hora. La primera vez que lo vi fue en el desayuno, a las 7:20 am, y no tenía la cara de dormido que tenemos todos a horas tan intempestivas. Yo, cariñosamente, lo bauticé Guti, como el habilidoso ex jugador del Real Madrid. Para el que no lo conozca, es este:




El problema es que ahora todos los del grupo lo llaman Guti, y me da cosa que el flaco nos escuche y que eventualmente me quiera fajar. Porque era un chiste de 3 o 4, ahora es de cada vez más gente. Lo que no entiendo es qué hace en esta Residencia, con sus habitaciones tan... tan... especiales.


Aparte de ésta boludez que acabo de contar, no pasaron muchas cosas. Lo que les puedo decir es que una pinta cuesta 4 libras en cualquier bar, que las copas en una "boite" están a 11 o 12 libras, y que fui a "bailar" a una fiesta que organizaba un conocido de un conocido de un conocido de la Residencia a la cual los fines de semana va el príncipe William. A lo mejor en el mundo real sea más barato, pero todavía no lo comprobé.



martes, 19 de octubre de 2010

Hyde Park

El otro día, cruzando Hyde Park para ir a una agencia de empleo, me topé con esto.


(Haciendo click en las imágenes se pueden ver más grandes)

¿Qué es? Un tipo que se sube arriba de un banquito y empieza a hablar del tema que sea. Religión, derechos humanos, fútbol, lo que sea. Y la gente que está delante de él está para debatir. Así, para pasar el rato nomás.


Hyde Park es inmenso. Me quise hacer el canchero y cruzarlo de punta a punta caminando, y a la mitad del viaje me quería cortar las piernas. Es hermoso, eso si.







lunes, 18 de octubre de 2010

Murat

Podría ser el cuñado de Napoleón, pero no. Es uno de mis compañeros de habitación. Descubro que es turco, con lo cual la habitación está compuesta por dos indios, un turco, un nigeriano y un argentino. Podría parecer el inicio de un chiste sin gracia. Perdón por las imprecisiones acerca de las nacionalidades y sexos de la gente con la que vivo. Me entero de la mitad de las cosas, pero cada vez un poco más.


Acabo de tener mi primer conversación larga con él, con unas cervecitas de por medio. Inglaterra, trabajo, estudio, su vida en todos los países que vivió, y sobre todo de amor. Parece que tengo el don para que la gente me cuente sus problemas sentimentales. Siempre termino dando consejos de temas en los cuales soy un desastre para mí mismo, pero que para los demás soy un capo.

domingo, 17 de octubre de 2010

La residencia

Encontré la residencia donde estoy viviendo por Internet. LHA Regina: buen precio, con desayuno y cena, y bastante bien ubicada. No apto para señoritos que busquen glamour ni nada por el estilo. Comparto habitación con 4 personas más, de las cuales en un principio pensé que eran dos chicos y dos chicas, y terminaron siendo cuatro chicos (tres indios y un nigeriano. Se ve que no entiendo un carajo cuando me hablan demasiado rápido). Las señoritas que estuvieron acá el día de mi arribo eran las novias de dos de los chicos, que vienen bastante a nuestra "cueva".


Son buena gente, me recomiendan cosas para que pueda empezar mi vida en Londres. Lo pintoresco de todo esto es el pop indio. Ya habré escuchado unas 50 canciones que para mi es siempre la misma. Un gigantesco e interminable loop de sonidos de instrumentos que no logro identificar, y eso que tengo bastante oído para el tema. Un día de estos pondré un link de alguna canción para que sepan de qué hablo.


A pesar de que me dijeron sus nombres, no podría reproducir ninguno por más que quiera. Cuando quiero decirle algo a alguien me le acerco y hablo, porque me da vergüenza preguntarles por quinta vez sus nombres. Con el que más hablé es con el nigeriano, que vino a estudiar Economía en una de las universidades más grosas de Inglaterra.


La ducha. El primer día que llegué, después de la mudanza del otro hostal, me quise duchar. Agarro mi ropa, toalla y parto hacia el baño (compartido) para completar mi misión. Cuando llego al baño me doy cuenta de que hay una bañera, cosa rara si se tiene que compartir. Empiezo a buscar la alcachofa (en español de España. No me acuerdo como se dice en argento) y para mi sorpresa no la encuentro. No me queda otra que "ducharme" con los grifos de la bañera, que para más inri (siempre quise poner eso) son dos: la de caliente por un lado, la fría por otro. No quiero que tengan pesadillas con lo que siguió a continuación. Sólo decir que tuve que arrodillarme y hacer cuenquito con las manos para poder aclararme el jabón. Con hábiles movimientos llenaba las manos mitad con agua fría y mitad con agua caliente para no morir congelado o pelado como un chancho. Momento dantesco, seguramente difícil de superar.


Saben cómo soy: un boludo.Tímido, que no le gusta hablar demasiado con la gente. Como suponía que esa iba a ser la manera de ducharme durante el tiempo que esté acá, me compré en un poundmarket (Todo por 2 pesos en ARG, Todo a 100 en ESP.) una especie de pelela para hacer más fácil la operación. Pero llegó el momento de la segunda ducha y dije que esto no podía ser. Venciendo mis traumas de no hablar con la gente, pregunté cómo hacían ellos para ducharse, porque a mi me parecía imposible. Después de reírse en mi cara, me guiaron hasta la zona de duchas donde volví a recuperar la dignidad.


Ahora no sé qué hacer con la pelela.

Londres, por fin

Qué lugar raro que es Londres. Cada vez que cruzo la calle siento que de algún lado me van a pisar, por más que mire como un paranóico un millón de veces. Sentir que todo va al revés. En los pasillos del metro tenés que ir de la izquierda, pero en la escalera vas parado en la derecha como en el resto del mundo.

Árabes de traje, indúes con pintas indies, músicos del metro cantando canciones que me gustan, el saxofonísta de Piccadilly Circus que logra que la gente se quede parada escuchándolo (pronto habrá alguna foto), gente cruzando la calle por cualquier lado, como en Buenos Aires. Fish and chips, bares llenos, cerveza oscura, mercados que incitan a la compra compulsiva, museos, espectáculos callejeros, gente yendo de acá para allá. Y, sobre todo, muchísima onda.

Ya tendré tiempo de contar el tema “ducha”, que por fin la encontré. O cómo presencié la filmación de una serie de televisión que desconozco completamente; o la foto que me saqué con unos supuestos famosos juveniles que también desconozco, sólo porque todo el mundo se sacaba; o del momento incomprensible de un inglés diciendole a un pakistaní que en Inglaterra no se habla español, y que no hace falta aprender nada.

Esta es la vida de un pibe como cualquier otro que decide mudarse a Londres.


Escuchando: las incesantes campanadas de la iglesia que tengo frente al hostal.